Hacia el cambio de la gobernanza mundial de la alimentación
La aparición al mismo tiempo de la crisis financiera, la crisis de alimentos y el calentamiento global no es casual. En realidad son fenómenos profundamente articulados entre sí, y su sincronía revela el agotamiento del modelo de desarrollo a nivel planetario.
Efectivamente, el alza de los precios de los alimentos en el 2007 y el primer semestre 2008 se produjo por el incremento de la demanda de varios países para la elaboración de agro-combustibles, por el cambio de la demanda de países como China e India, pero, sobre todo, por la especulación en las bolsas de Nueva York, Londres, Tokio y París sobre los precios de los alimentos en base al control de la oferta de alimentos de los tres años venideros.
Los impactos de este fenómeno no se hicieron esperar. El incremento del hambre en países en desarrollo estuvo en la base de las movilizaciones contra la carestía de alimentos, especialmente en África. Según la FAO y el PMA, a fines del 2008 el hambre impactó a más de mil millones de personas en el mundo, a contrapelo de los Objetivos Del Milenio, ODM, que se había propuesto reducir el número de famélicos a la mitad hasta el 2015.
Esta situación plantea a fondo la normativa global sobre la producción, transformación, comercialización, distribución y consumo de alimentos. Diferentes actores sociales e institucionales, de diversos niveles de gobierno, han manifestado sus puntos de vista, unos para sugerir más de lo mismo y, la mayoría, para proponer cambios en las políticas alimentarias.
En Europa se ha previsto normalmente el cambio de la Política Agrícola Común, PAC, para 2013. Hay funcionarios de la Comisión Europea que centran su atención en los temas de ayudas directas y de desarrollo rural, pero la sociedad civil y el nuevo Comisario para la Agricultura, el rumano Dacian Ciolos, ha mostrado sensibilidad por la agricultura familiar y el deseo de reconsiderar el tema del mercado de alimentos a nivel global. El Parlamento Europeo, especialmente la Comisión de Agricultura en la cual participa José Bové en calidad de Vice-presidente, coincide con las propuestas que están siendo elaboradas en las organizaciones de pequeños productores, en las ONGDs, en las plataformas por una PAC diferente, y está dispuesto a revisar a fondo el mercado de alimentos entre Europa y los otros continentes y los incentivos a la producción de alimentos en el viejo continente y en otras regiones del mundo.
En América Latina tradicionalmente se ha planteado el tema de desnutrición en relación a la pobreza y ha sido objeto de políticas de compensación a las medidas de ajuste estructural que no han resuelto el problema de fondo: el hambre enraizada en la desigual distribución de los factores de la producción. Frente a ello, las nuevas políticas alimentarias se sustentan en el derecho a la alimentación, la seguridad y la soberanía alimentaria, como objetivos y obligación del Estado. Se trata de políticas intersectoriales y supra-ministeriales en las que se plantea el fomento de las agriculturas familiares y de las economías populares solidarias mediante las compras públicas pero también a través de la democratización de los factores de la producción, la tierra, el agua, el crédito, los servicios técnicos y las políticas educativas de nuevo tipo.
En este contexto las organizaciones sociales de América Latina y el mundo plantearon, con ocasión de la Cumbre Mundial de la alimentación realizada en Roma a fines del 2009, la realización de una campaña por la agricultura familiar mediante la declaratoria del Año Internacional de la Agricultura Familiar ( familyfarmingcampaign,net ) por parte de Naciones Unidas con el objetivo de mostrar que más que un sistema de producción es un modelo de vida, un modelo de buen vivir, generador de empleo, de ingresos, de alimentos de calidad y que realiza sus actividades en armonía con la naturaleza.
Estas propuestas de redefinición de las políticas alimentarias también tienen eco en los parlamentos nacionales, algunos de los cuales han conformado Frentes parlamentarios contra el hambre, FPH, inspirados en el derecho a la alimentación, la seguridad y soberanía alimentaria. Esta iniciativa apoyada por FAO, particularmente por el proyecto ALCSH, ha dado lugar al FPH latinoamericano que está realizando su primer foro en estos días en la ciudad de Sao Paulo.
Las relaciones entre América latina y Europa han tenido altibajos en función de las propuestas de los acuerdos y tratados entre las dos regiones. La nueva coyuntura de las dos continentes muestra que hay condiciones para abrir y profundizar nuevos diálogos. En las reuniones interparlamentarias de Bruselas (fines de marzo) y en el encuentro Eurolat (Sevilla, 14 de mayo) se ha previsto tratar los temas de seguridad ciudadana y cambio climático, pero es conveniente incluir en la agenda de estas y futuras reuniones entre las dos regiones el tema de las políticas alimentarias a fin de empujar el cambio de la gobernanza mundial de los alimentos. De igual forma sería conveniente incluir este tema en la agenda de la VI Cumbre de Presidentes a realizarse en Madrid el 18 y 19 de mayo.
Sao Paulo, 3 de marzo de 2010
Fernando Rosero Garcés, Sociólogo. CAFOLIS